Me
niego a escribir mis vivencias, miedos, pensamientos, temores y todos los
sustantivos que pudiesen entonar aquí, colocando la última frase como un
desaliento a morir. Me niego a terminar mis cuentos tristes colocando melodías
sentimentales cargadas de romanticismo. No la imagen de romanticismo que surgió
en tu mente, de rosas, chocolates y viajes "románticos". Romanticismo
como lo inalcanzable, lo que nunca será, el anhelo sufrido de estirar, alargar
para finalmente no alcanzar lo anhelado. Ese sentido del romanticismo, ese
sentido que inspiraba a artistas a pintarse de espaldas al espectador, para que
juntos, impresionados, contemplen la naturaleza retratada, la cual nunca podrá
ser dominada, siempre será mas grande mas fuerte. Ese sentido. Me niego a que
las últimas palabras quiten el aliento al lector, dejando la amargura en un
cuerpo crispado de desolación. Me niego a entregar una historia triste,
melancólica, cambiante, sola, insegura, amarga, quebrada, incomprensible,
abandonada, azotada, encarceladora, ahogadora, atrapante, penosa, asesinada. Me
niego. No podrá el final agotador atufar un desaliento a morir, mirar
seductoramente, cantar dulcemente. No podrá envolverte atrapándote en su
movimiento movedizo de tierra. No podrá.
Samstag, 23. August 2014
Einmal
Es war einmal ein Haus,
ein Garten, Bäume.
Die wuchsen
dem Himmel entgegen,
streckten sich
im Wettlauf mit dem Rasen
und wurden dann
von großen saftigen Früchten
wieder ihrem Ursprung
näher gebracht.
Es war einmal ein Haus,
ein Fenster, Türen.
Die standen offen,
hielten sich in Angeln
und lächelten die Gesichter
einladend an,
sich zu setzen,
in der wärme der Heimat
zu hausen.
Es war einmal ein Haus,
ein Tier, ein Hund.
Der leckte freudig
die Fensterscheiben,
mit sanften Pfoten...
Es war einmal...
Es war einmal...
Es wird einmal.
Mittwoch, 2. Juli 2014
Pozo quebrantado
La
primera frase que tengo en mente para introducir esta historia, al escribirla y
leerla, suena demasiado cruel. Digo, la historia en la que pienso fue cruel.
Hoy en día miro con otros ojos esos sucesos, hoy en día la herida fue sanada
(no por el tiempo para aquellos que leyeron). Aunque… eso no le quita la
crueldad del momento, nótese, escribo “del momento”.
El
féretro estaba esperando en el cuarto de niños. Esto expresa lo que estábamos
viviendo en ese momento. Pero en verdad no quiero contarles la historia. Al
hacerlo, sentiría que desencadena pena en ustedes, lástima o asombro empático.
Y no quiero que lo tomen de esa forma. Fue duro, fue incomprensible, fue
intolerable. Pero no soy la única (ni somos la única familia) que vive eso.
¿Para qué jactarme de eso y relatarlo como la historia más trágica jamás
vívida? Sería enfocar la historia con una luz surrealista. Y por eso, la frase
que fue formulada en ése entonces y con la cual quería iniciar, se asemeja a un
combo en la cara.
Últimamente
he tenido la tarea de pensar en murallas internas. Esta historia podría ser
una, pero me di cuenta que contar vivencias duras - no me gusta. No me gusta
porque es como decirle al mundo: mira que mal la he pasado... pobre de mí. Si
alguien quiere conocer la historia no tengo problema en contarla. Si quieres
conocerla para comprender el proceso del duelo, el proceso de levantarse, mejor
dicho de ser levantado (poco útil me sería agarrarme del pelo para sacarme a mi
misma del lodo que me succiona...), con gusto te la cuento. Me gusta compartir
mis vivencias a personas que lo deseen, no por morbo, si no por sincero
interés. Creo que he vivido cosas impactantes que aún hoy en día pintan sus
consecuencias en mi andar, pero Dios es más fuerte, más grande, es más que eso.
No explica por qué ni da una respuesta a lo que ocurre, si no que sostiene,
contiene.
Cuando
me enfrente al tema de murallas, teniendo que contestar que puede y que no
puede una muralla, automáticamente lo formule de tal manera que el resultado
fuese positivo (una muralla puede sostener flores y mostrárselas al sol - una
muralla no puede detener a un pájaro). Me di cuenta que tengo una actitud más
positiva de la que pensaba. Después de que el evento ocurrió, después de que el
evento sano. Y ese es mi punto débil (o era, hoy en día he aprendido gracias a
la paciencia de un Maus). Mientras viví aquel momento, me transformé. Era yo
misma una tumba silenciosa, una muralla alrededor mío conteniendo toda emoción
escondida en lo secreto. No se lo conté a nadie. Al contárselo a alguien -
inevitablemente es realidad. Y yo no quería que fuese realidad. Esa era mi
protección. Silencio. Omisión. Hasta que, como un pozo que se llena de agua,
los ladrillos comenzaron a separarse. Comenzó a salir el agua quebrantando el
pozo. Comenzó a salir el dolor quebrantando la muralla.
Me
gusta la imagen. No porque sea masoquista, si no porque me imagino la escena
pintada en un cuadro abstracto: yo rodeada de una muralla ( o yo dentro de un
pozo de ladrillos), se ve brotar el dolor entre los ladrillos separándolos –
ellos gritando de dolor e incomprensión.
Hasta
que lo conté. Y no pude parar de contar. Como una represa que al abrirse
permite que el río siga su fluir. Y el agua pasa. Y pasa. Y pasa. Y vuelve a
pasar. Y pasa. Así conté yo la historia. Primero una sola vez. Pasó bastante
tiempo antes de poder contarla nuevamente. Pasó más tiempo y muchos ya sabían, habían
escuchado. Comenzando así la incomodidad. Las miradas que querían ser
empáticas, pero que, ante el dolor y la tristeza de la historia, absorbieron
asombro doloroso y la mirada que quería ser empática solo logró ser de
inseguridad.
Samstag, 14. Juni 2014
die Welt verändern
![]() |
| Photography by ©Rahel Gysel |
Ich habe es ihnen
erst nachgemacht doch am Ende des ersten Tages war ich ziemlich erschöpft von
all dem Geschrei und habe lange überlegt, dass dies eigentlich nicht der Weg
ist. Es ist zu anstrengend für einen selbst und auch widersprüchlich, wenn ich
schreie, um für Ruhe zu sorgen. Daher habe ich dann die anderen Tage entschlossen zu den Kindern hinzugehen
und sie direkt an zu sprechen, was natürlich auch nicht richtig geklappt hat
da, für sie, eine Autoritätsperson eigentlich gar nicht eine Autoritätsperson
ist. Ich habe dann auch versucht mich den Kindern zu widmen, die am meisten
Unsinn machen. Ich habe mich zu ihnen gesetzt und mich ihnen zugewendet um mit
ihnen zusammen die Aufgaben zu machen, die sie machen sollten. So waren sie
auch motiviert und haben sich auch konzentriert, bis ein anderer kam und auf
sie einredete um irgendetwas zu erzählen oder fragen. Am letzten Tag konnte ich
dies besonders gut beobachten. Die Kinder sollten an dem Vatertag-Geschenk
weiter arbeiten. Wäscheklammern sollten auf eine Klopapierrolle geklebt werden
– was sich als nicht so einfach erwies da die Klammern immer wieder abfielen
(die Kinder nahmen zu wenig Kleber). Eines der Kinder war sehr frustriert und
warf alles auf den Boden und sagte: „Ich hasse diese Aufgabe. Alle schaffen es
und ich kriege nichts hin.“ Ich hatte vorher gerade alle restlichen Klammern
eingesammelt und plötzlich sah ich wieder Klammern auf dem Boden und so bin ich auf
ihn aufmerksam geworden. Also habe ich seine Klammern aufgehoben und habe mich
zu ihm gesetzt und ihm gesagt wir schaffen das zusammen, was wir
schlussendlich auch geschafft haben. Ich habe gemerkt dass die Kinder schon
lust haben Dinge zu lernen und zu machen, nur sind sie eben in einem Alter in
dem sie noch Zuwendung brauchen, und diese bekommen sie meistens nicht zu
Hause. Da sie keine Zuwendung, oder wenig, bekommen lernen sie auch nicht
richtig mit Frust umzugehen, und geben sich schnell geschlagen mit Aufgaben.
Ich weiß, dass es für eine Lehrerin unmöglich ist, sich um fast 40 Kinder
gleichzeitig zu kümmern und sich zu jedem zu setzten und ihm bei zu stehen.
Dies macht die Situation so kompliziert. Von zu Hause haben sie die Zuwendung
nicht und sie bräuchten sie so sehr um aufzublühen und wachsen zu können. Es
tut mir weh, wenn ich dies beobachte, wie Kinder in jungem alter allein
gelassen werden. Ich möchte nicht jemandem die Schuld dafür geben, es ist
einfach eine verzwickte Situation. Wie kommt man davon weg? Wie erkläre ich
einer Mutter, die noch selbst fast ein Kind ist, das ihr Kind liebe, Zuneigung
und Begleitung gebraucht, wenn sie es selbst nicht erfahren hat?
Dienstag, 10. Juni 2014
theLOOK
Quiero que si lees esto, tengas esto en cuenta: no soy
clasista.
Ahora si puedes seguir leyendo. Soy mujer.
Por lo que durante la pubertad mi pobre cerebro tuvo que adaptarse radicalmente
a este nuevo envase que de un día a otro de pronto había aparecido sin previo
aviso. Le tomo un buen tiempo adaptarse pero finalmente lo logro. Pero la
pubertad no es el punto de hoy. (quizás debería comenzar colocando el título
siempre al comienzo para obligarme a seguir la idea que comienza a
desarrollarse en mi red neuronal....) El punto de hoy es el la mirada.
Comencemos por la mía. De chica era ruda. Si, me creía mala, bueno no se si
mala, pero era ruda. Me defendía, copiaba e imitaba a mi hermano quien no solo
me enseño a dominar las dos ruedas si no que también me enseño a mostrar el
dedo indebido. Recuerdo un recreo en pre kínder cuando por algo me enoje e hice
uso de lo que había aprendido. Lastima que me vio una profesora y mi castigo
fue tener que esperar una semana por el Casete que uno recibía de premio si se
hablaba alemán (aun lo tengo). Mi mirada fue educada a la defensa. De chica
caminaba al pre kínder, luego al colegio, luego a la casa después de alguna celebración
teatral. Aprendí que si miraba con dureza las personas no se me acercaban y
hasta ahora he resultado ilesa (no creo que sea solo por mi mirada, creo que
hay algo mas grandioso tras eso). Eso en relación a mi mirada - por ahora.
Ahora, las miradas. Pasear a mi perro suele ser algo entretenido. Algo me gusta, que alegra,
relaja, algo cotidiano. Pero de repente en esa calma irrumpe la mirada hablada. En esos momentos mi envoltorio pasa a ser bien común, brotando nuevamente esa mirada infantil que no era nada
inocente.
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