Claro. También lo pensaba yo. Que no sería capaz de hacer algo así. Jamás. ¿Yo? ¿Hacer eso? Imposible. Si tengo buena educación, un ambiente estable, he leído mucho, un horizonte amplio. Reconozco la importancia de los valores después de haber analizado su impacto. Solo pierdo el tiempo intencionalmente... por lo tanto imposible que yo haga algo así. Mi mente corre demasiado anulando, suprimiendo, evaluando el entorno, mi pasado mi posible futuro. Yo no soy capaz de hacer eso. Soy buena persona. ¿O acaso lo vas a negar? ¿Me vas a decir que no me has visto escuchar, preocuparme demasiado de mis amigos, acompañar al que llora?
Claro, que lamentable que esa imagen mía me haya hecho sentir que yo fuera incapaz de hacer, tomar lo que estaba tomado, tomar lo que no era mío, entrometerme donde no correspondía.
¿Cómo no me iba a sorprender a mi misma si, a mis ojos, soy buena? Nunca imagine que yo, yo haría eso. Lo que más temo, lo que más castigo. Si, también yo lo hice.
Mi error fue pensar que yo era invencible. Que yo jamás seria capaz de hacer tales cosas. En mi camino eso tuvo que ocurrir. Ese evento me permitió ver, lo que soy capaz de hacer y luego justificarlo como correcto. Me abrió los ojos a una lamentable realidad, no soy buena persona. Soy capaz de hacer todo si las circunstancias son las dadas. O quizás ni siquiera necesito de las circunstancias para actuar mal. Lo bueno es que se, conozco mi condición. Se lo que soy capaz de destruir. Por eso ahora aprendí a ser cautelosa, a tener cuidado de mi misma, a desconfiar de mis intenciones. Lo triste es que siempre seguiré haciendo lo que no quiero, seguiré siendo egoísta, seguiré haciendo para sentirme mejor, para valorarme más. Quizás, tan solo por unos minutos, logro ser lo que quisiera ser. Amable, comprensible, segura. Tan solo requiero de un leve suspiro, un leve llanto, una leve tormenta que se cruce para anular aquello. El cansancio, las metas individuales, se entrecruzan como gato desorientado entre las piernas.
Solo puedo dar gracias por saber que salvar el mundo no depende de mí. Cambiar el mundo no depende de mi capacidad de convertirme en una persona buena, perfecta. Si la persona amable que puedo ser, tan solo existiese unos segundos y el resto del tiempo existo yo, no es mi cruz a llevar. Solo puedo agradecer que no sea mi labor cambiar los acontecimientos de este planeta en marcha. Que dentro de mi camino, salvarlo no está.
Solo puedo agradecer que tú ya lo salvaste. Tú ya lo hiciste, Jesus. Yo puedo seguir siendo imperfecta, impacienta, insegura, ansiosa. Yo puedo seguir peleando contra mi incapacidad de alcanzar aquella imagen mía que tengo. Agradecer que así me ames, imperfecta. Sabiendo que así - un camino hay para recorrer, aunque buena persona, no sea.
