Puedo retener las palabras un segundo.
Retener, por
ejemplo: de noche
brillaba la
luna sin excusas.
Recorría el viento
los arboles,
sus troncos, sus
ramas, sus dulces hojas
coloridas por el
frio sol otoñal,
enamorándolas y llevándoselas
consigo.
Puedo retener las
palabras un segundo.
Detener el frio
calador por la ausencia
de las blancas
nubes, dejando desnudas
las estrellas
protegidas suavemente
tan solo por la
luna brillar en un cielo
lleno de ausencia.
Puedo retener las
palabras un segundo.
Olvidar el batir
del suave mango que entristecía
la blanca leche robándole
de pronto
su amiga anhelada,
compañera fiel
restregando en
aquella herida abierta
el dolor del
olvidar.
Puedo retener las
palabras un segundo.
Soñar la altura de
las gotas al caer,
permanecer inmóvil
frente al cantar
de los ojos
brillando en la oscuridad
abrazando aquel
bailar entre
el pasto crecido
al pasar.
Puedo retener las
palabras un segundo.
Entristecerme, de
las letras escapadas, fácilmente
siendo ellas
robadas sin importar lo frágil
del hablar,
conseguir no soltarlas en un suspirar
con tinta retener
cual historia por contar.
Puedo retener las
palabras un segundo.
Un segundo
solamente.
