Conozco la sensación de no querer arriesgarse. De no querer
dejarse ver como uno es. De no querer derrumbar ese muro que con tanta precaución
se ha construido. Sé cómo te sientes. Conozco tu miedo a ser decepcionado. Lo
he vivido. He estado ahí. Decepcionado. Con un mundo venido abajo, pisoteado.
Sufriendo. Temerosa. ¿Me pasará a mí?
Conozco también tu anhelo de ser capaz de arriesgarse. De hacerse
vulnerable frente al otro. De aceptar que uno da lo mejor de sí. Y sin embargo
igual puedes ser pisoteado. Pero ese no es el fin del mundo. Tienes que seguir.
Seguir compartiendo, seguir sonriendo, seguir trabajando, estudiando. Seguir
con el día a día, cada cosa en su lugar. Menos tú. Menos tú mente.
Te armas de valor, dejas tus miedos atrás. O, quizás tus
miedos los llevas contigo, confiando en que podrás enfrentarlos de mejor
manera. Que has madurado, aprendido y que esta vez no te controlaran. Total te
has estado preparando. Conversando, compartiendo tus miedos, emociones a un
oyente silencioso. Incapaz de dañarte. Una relación unilateral.
Te armas de valor.
Te armas de valor.
Avanzas. Estás feliz. Pasan los días. Ladrillos caen. Tu protección,
tu escudo construido ya no protege. La valentía que cargabas es arrastrada por
la suave brisa que acaricia tu rostro consolándote. Quema en tu mejilla. Quema
y arde tan vivamente. Apartas tu silueta quemada.
Es demasiado. No puedes con ello. Tantas cosas. Parece
imposible, que esos montes, tengan una cima, que exista forma de escalarlos.
No. No se puede.
Pierdes el equilibrio. La pandereta es muy angosta. Tu cola
no lo suficientemente larga. Aquellas pequeñas impresiones muy inseguras, las
garras muy cortas para sujetar. Erizado el pelaje, pequeños ojos intentan
defenderse, reflejando solo temor. Tu garra se enreda en la mano de tu dueño,
dejando una marca atrás invisible en una semana. Comienzan a caer gotas pequeñas
decorando tu corto abrigo. Enredándose en tus largos bigotes.
¿Dónde está la mano?
Quiero que me baje de aquí. Esta pandereta es tan angosta. Sácame. Refúgiame en tus brazos. No hablo tu idioma. Te has ido. Bájame, por favor. No sé como decírtelo. No hablo tu idioma.
Quiero que me baje de aquí. Esta pandereta es tan angosta. Sácame. Refúgiame en tus brazos. No hablo tu idioma. Te has ido. Bájame, por favor. No sé como decírtelo. No hablo tu idioma.
