Hay personas que me han decepcionado fuertemente. Personas que han tenido que aprender a vivir con su pasado, su presente, su futuro incierto. Personas que han tenido miedos, llantos, vivencias desgarradoras que han cambiado sus vidas, para bien o para mal. ¿Cuál fue la piedra que provoco el derrumbe? ¿Cómo llegaron a cambiar o como terminaron en situaciones así, sin ver más allá de su propia nariz...? Cerraron sus ojos a la verdad que habían conocido, privándose así de la alegría, aquella que va más allá de las vivencias diarias, aquella que... cae del cielo.
No sé bien como enfrentarlo. Las cosas que he vivido, observado, escuchado... han quebrado algo en mi... siempre he sido reservada con lo que realmente ocurre dentro de mi, pero el muro que había construído con el paso de los años, ha perdido ladrillos... porque reconocí que, compartir mis vivencias puede servirle a otro, aunque me haga vulnerable. Pero acepto aquella vulnerabilidad esperando que el otro crezca.
No hay nada que me asegure que no seré decepcionada, que no viviré dolor profundo, lo que si sé, es, que si me decepcionan, Dios tomara mi dolor, mi alma quebrada y la renovara. Es esa esperanza, esa fortaleza, la que me permite mirar con amor y no con una rabia dolorosa.