Dienstag, 18. November 2014

Spiegelbild

Años atrás, cuando aún la curiosidad quería ser saciada queriendo saber que había pasado con aquellos fantasmas que irrumpían bajo la noche estrellada intentando tocar ventanas y puertas de madera, sentaban aquellos sobre sillas acomodadas en círculo, como solía hacerse cuando algo importante, íntimo, cercano habría de ser revelado. En esa ocasión, en un pequeño papel, dibujado estaba aquel señor. Barba tenía, de unos tres días. Notabas que aquel señor no solía usar una barba orgullosa ni nada semejante, más bien prefería ver su rostro desnudo al espejo. El cabello recordaba levemente a esos campos en donde el viento no se detiene ante la suavidad del trigo, dirigiéndolos en direcciones opuestas, quitándoles el abrigo del vecino. Los ojos tenían sombras de atardecer y las cejas descansaban flojamente en hamacas sobre los ojos semi-cerrados. Enfrente tenía un espejo y veía toda la imagen nuevamente. Barba tenía, de unos tres días. Notabas que aquel señor no solía usar una barba orgullosa ni nada semejante, más bien prefería ver su rostro desnudo al espejo. El cabello recordaba levemente a esos campos en donde el viento no se detiene ante la suavidad del trigo, dirigiéndolos en direcciones opuestas, quitándoles el abrigo del vecino. Los ojos tenían sombras de atardecer y las cejas descansaban flojamente en hamacas sobre los ojos semi-cerrados. Un bostezo cansado igual que los ojos y su mirada duplicada en el reflejo del espejo junto a los cansados ojos y su mirada, media vuelta y veías desaparecer al Señor entre las líneas y el borde del pequeño papel.

Sentaban aquellos sobre sillas acomodadas en círculo, como solía hacerse cuando algo importante, íntimo, cercano habría de ser revelado. Aquellos sentados en el círculo, lejos estaban de tener un espejo a mano para observar su rostro. Aquellos sentados en el círculo sabían que estarían cerca de tener un espejo a mano - a diferencia del Señor que había desaparecido entre las líneas y el borde del papel, se mirarían, devolverían a los trigos el calor del vecino juntándolos en direcciones semejantes, quitarían de las hamacas las cejas, borrarían las sombras de atardecer de sus ojos, quitarían aquella barba faltante de orgullo del cuadro y lucirían aquella esperada desnudez facial. Se volverían a mirar apreciando el cambio del cuadro que veían en el espejo sabiendo con certeza que lo reflejado también había cambiado.

Sonntag, 7. September 2014

I happen to have this dream...
no, no es el sueño de lo que quiero llegar a hacer o llegar a alcanzar, no es el sueño de mi vida que quiero alcanzar con todas mis fuerzas.

I happen to have this dream...
carreteras, esas en donde las horas pasan lentas, vas contando las líneas que separan las direcciones, perdiéndote entre las estrellas hasta que solo las puedes imaginar a través de las nubes.

I happen to have this dream...
ese auto grande, caluroso, que solo las ventanas abiertas pueden dejar acariciar el viento tu piel, sabiendo ya que pronto ese viento te traerá el sabor de tu hogar.

I happen to have this dream...
suele ser de noche, y tan solo veo luces, quizás gotas de agua que mi inconsciente pinta en la calle debido al desenlace trágico del sueño...

I happen to have this dream...
no, no es un sueño que quiero compartir. Dicen que palabras crean realidades. Y esa realidad, quisiera que permanezca en sueños.


Samstag, 23. August 2014

Hope


Me niego a escribir mis vivencias, miedos, pensamientos, temores y todos los sustantivos que pudiesen entonar aquí, colocando la última frase como un desaliento a morir. Me niego a terminar mis cuentos tristes colocando melodías sentimentales cargadas de romanticismo. No la imagen de romanticismo que surgió en tu mente, de rosas, chocolates y viajes "románticos". Romanticismo como lo inalcanzable, lo que nunca será, el anhelo sufrido de estirar, alargar para finalmente no alcanzar lo anhelado. Ese sentido del romanticismo, ese sentido que inspiraba a artistas a pintarse de espaldas al espectador, para que juntos, impresionados, contemplen la naturaleza retratada, la cual nunca podrá ser dominada, siempre será mas grande mas fuerte. Ese sentido. Me niego a que las últimas palabras quiten el aliento al lector, dejando la amargura en un cuerpo crispado de desolación. Me niego a entregar una historia triste, melancólica, cambiante, sola, insegura, amarga, quebrada, incomprensible, abandonada, azotada, encarceladora, ahogadora, atrapante, penosa, asesinada. Me niego. No podrá el final agotador atufar un desaliento a morir, mirar seductoramente, cantar dulcemente. No podrá envolverte atrapándote en su movimiento movedizo de tierra. No podrá.

Einmal

Es war einmal ein Haus, 
ein Garten, Bäume. 

Die wuchsen 
dem Himmel entgegen, 
streckten sich 
im Wettlauf mit dem Rasen 
und wurden dann 
von großen saftigen Früchten 
wieder ihrem Ursprung 
näher gebracht. 


Es war einmal ein Haus, 
ein Fenster, Türen. 

Die standen offen, 
hielten sich in Angeln 
und lächelten die Gesichter 
einladend an, 
sich zu setzen,
in der wärme der Heimat 
zu hausen.


Es war einmal ein Haus, 
ein Tier, ein Hund. 

Der leckte freudig 
die Fensterscheiben, 
mit sanften Pfoten...

Es war einmal...

Es war einmal...

Es wird einmal.



Mittwoch, 2. Juli 2014

Pozo quebrantado

La primera frase que tengo en mente para introducir esta historia, al escribirla y leerla, suena demasiado cruel. Digo, la historia en la que pienso fue cruel. Hoy en día miro con otros ojos esos sucesos, hoy en día la herida fue sanada (no por el tiempo para aquellos que leyeron). Aunque… eso no le quita la crueldad del momento, nótese, escribo “del momento”.

El féretro estaba esperando en el cuarto de niños. Esto expresa lo que estábamos viviendo en ese momento. Pero en verdad no quiero contarles la historia. Al hacerlo, sentiría que desencadena pena en ustedes, lástima o asombro empático. Y no quiero que lo tomen de esa forma. Fue duro, fue incomprensible, fue intolerable. Pero no soy la única (ni somos la única familia) que vive eso. ¿Para qué jactarme de eso y relatarlo como la historia más trágica jamás vívida? Sería enfocar la historia con una luz surrealista. Y por eso, la frase que fue formulada en ése entonces y con la cual quería iniciar, se asemeja a un combo en la cara. 

Últimamente he tenido la tarea de pensar en murallas internas. Esta historia podría ser una, pero me di cuenta que contar vivencias duras - no me gusta. No me gusta porque es como decirle al mundo: mira que mal la he pasado... pobre de mí. Si alguien quiere conocer la historia no tengo problema en contarla. Si quieres conocerla para comprender el proceso del duelo, el proceso de levantarse, mejor dicho de ser levantado (poco útil me sería agarrarme del pelo para sacarme a mi misma del lodo que me succiona...), con gusto te la cuento. Me gusta compartir mis vivencias a personas que lo deseen, no por morbo, si no por sincero interés. Creo que he vivido cosas impactantes que aún hoy en día pintan sus consecuencias en mi andar, pero Dios es más fuerte, más grande, es más que eso. No explica por qué ni da una respuesta a lo que ocurre, si no que sostiene, contiene.

Cuando me enfrente al tema de murallas, teniendo que contestar que puede y que no puede una muralla, automáticamente lo formule de tal manera que el resultado fuese positivo (una muralla puede sostener flores y mostrárselas al sol - una muralla no puede detener a un pájaro). Me di cuenta que tengo una actitud más positiva de la que pensaba. Después de que el evento ocurrió, después de que el evento sano. Y ese es mi punto débil (o era, hoy en día he aprendido gracias a la paciencia de un Maus). Mientras viví aquel momento, me transformé. Era yo misma una tumba silenciosa, una muralla alrededor mío conteniendo toda emoción escondida en lo secreto. No se lo conté a nadie. Al contárselo a alguien - inevitablemente es realidad. Y yo no quería que fuese realidad. Esa era mi protección. Silencio. Omisión. Hasta que, como un pozo que se llena de agua, los ladrillos comenzaron a separarse. Comenzó a salir el agua quebrantando el pozo. Comenzó a salir el dolor quebrantando la muralla.

Me gusta la imagen. No porque sea masoquista, si no porque me imagino la escena pintada en un cuadro abstracto: yo rodeada de una muralla ( o yo dentro de un pozo de ladrillos), se ve brotar el dolor entre los ladrillos separándolos – ellos gritando de dolor e incomprensión. 

Hasta que lo conté. Y no pude parar de contar. Como una represa que al abrirse permite que el río siga su fluir. Y el agua pasa. Y pasa. Y pasa. Y vuelve a pasar. Y pasa. Así conté yo la historia. Primero una sola vez. Pasó bastante tiempo antes de poder contarla nuevamente. Pasó más tiempo y muchos ya sabían, habían escuchado. Comenzando así la incomodidad. Las miradas que querían ser empáticas, pero que, ante el dolor y la tristeza de la historia, absorbieron asombro doloroso y la mirada que quería ser empática solo logró ser de inseguridad.