Montag, 24. April 2017

Lugar Oscuro

Tenemos que tomar muchas decisiones a lo largo de la vida. Algunas más comprometedoras, otras tan cotidianas como la elección del color de mi ropa. Pero somos libres de tomar la decisión que queramos. Nadie puede tomar una decisión por nosotros y por lo tanto nosotros somos responsables de nuestras decisiones. A veces no existe la mejor decisión. Una decisión siempre implica negar algo, negar la opción que no elegí. Aprendemos desde chicos a tomar decisiones, como adultos tenemos la responsabilidad de guiar este aprendizaje y acompañar, pero también los niños deben tener la experiencia de poder tomar decisiones, decisiones cotidianas. Si aprenden en lo chico, podrán tomar sus propias decisiones.

Por más que el "tomar decisiones" sea un acto individual, nunca podemos dejar de lado que nosotros rodeamos a otros y que otros nos rodean. Decisiones siempre definen un camino y tienen consecuencias. Consecuencias agradables y otras menos agradables e incluso ambas para personas diferentes.

Ahora, ¿porqué tomamos una u otra decisión?
¿qué nos guía en esto? ¿Una corazonada? ¿La emoción? ¿La razón? ¿Interés?

Probablemente son diferentes aspectos que influyen. Multicausalidad.
Quizás.
Aunque puede que exista un factor. 
Más fuerte que los otros.
Más determinante.
Dios.

Que políticamente incorrecto.
Que poco ético decir, que Dios guía mi actuar. En un mundo en dónde se llevan a cabo guerras en el nombre de Dios. Un mundo en el cual se llevan a cabo ataques en el nombre de Dios. Un mundo en el cual el nombre de Dios no tiene peso. Un mundo en el cual el nombre de Dios no tiene valor. Un mundo en el cual el nombre de Dios es causa de burla.

Pero, ¿cómo no voy a querer compartir la causa de mi alegría? ¿Cómo no voy a querer que otros puedan vivir en paz? ¿Tranquilos?

Puedo decir que he vivido una vida buena. No he sufrido hambre ni me ha faltado ropa. Hemos tenido el apoyo de personas en tiempos buenos y en tiempos menos buenos. 
Quizás piensas que como puedo hablar de paz si vivo en un lugar seguro. Si nunca he vivido la guerra en carne propia. Si nunca ha caído una bomba y ningún muerto al lado mío.

Tienes razón. Pero, al igual que tú, he vivido conflictos. He tenido desacuerdos con personas. He tenido sufrimiento en mi vida. He vivido la muerte de cerca. He vivido dolor profundo. He vivido desilusiones, pérdidas, temores, inseguridades. He vivido días oscuros. De dolor, de soledad, de encierro. 

La paz de la que hablo, la alegría de la que hablo, la tranquilidad de la que hablo no depende de estas vivencias. No depende de momentos vividos, de recuerdos, de emociones. Depende de Jesús. 


Que políticamente incorrecto.
Que poco ético decir, que Dios guía mi actuar. En un mundo en dónde se llevan a cabo guerras en el nombre de Dios. Un mundo en el cual se llevan a cabo ataques en el nombre de Dios. Un mundo en el cual el nombre de Dios no tiene peso. Un mundo en el cual el nombre de Dios no tiene valor. Un mundo en el cual el nombre de Dios es causa de burla.

Somos libres.
Somos libres de hacer lo que queramos.
Somos libres de amar.
Somos libres de odiar.
Somos libres de crear.
Somos libres de destruir.

Esa es nuestra libertad.
Esa es nuestra condena.
Decidir libremente trae también destrucción.
No podemos movernos en áreas blancas o negras.
Vivimos todos en un gris.
Y así algunos se tomaron la libertad de apoderarse del nombre de Dios, de mal usarlo, de ensuciarlo.

Un muro.
Una pared.
Más bien un ventanal, un espejo que te impide reconocerlo. Que te impide ver al otro lado. Que te impide vivir plenamente. Que te impide tener paz. Sin importar lo que sucede al rededor tuyo. Alegría, tranquilidad.

Si tu única excusa es que no crees en Dios y nunca has mirado detrás del espejo,
quizás ya sea hora de cambiar. Quizás sea hora de tomar la decisión mas importante en tu vida.