Dienstag, 19. Februar 2013

Der Kuckuck

Cuando al abrir los ojos escuchas el cantar del búho, conoces la ternura de su mirar, sabrás que el camino espera con tiernas piedras humedecidas por el dulzor de la noche, a que tus pies caminen por el.

Al estrechar tu mano para recoger aquel fruto colorido, intentando no tropezar con las pequeñas manchas que intentan morder tu pisar, el dulce olor de la hierba florecida veras entre las rosas.

La suave brisa acariciando tus mejillas acaloradas al sol, traen a ti la memoria del atardecer enrojecido, nubes despertando tu imaginación que no quieren dejarte seguir tu camino intentando retenerte con su gracia.

Con fuerza se lanza contra ti, empujándote a sentir las piedras al caer, el agua envolviéndote, caminas, sin escuchar, en círculos pisando granos que cubren la tierra.

Ves saltar un blanco manchado detrás de verdes cortinas, entre murras perdiéndose, sigues tu camino para cerrar la puerta, asegurando lo que no hay dentro.

Tierno el verde sabor se despliega encontrando su recorrido por montes blancos y soles brillantes al caer el sol bajo su manto, evitando caer en la perdición de la blanca neblina.

Aquel pétalo firme en su pequeñez, se distingue de los demás queriendo llamar la atención entre miles por su perfección la cual se pierde en lo oscuro conservando su color. 

La caricia detrás de lluvias que caen enlentecidas por el calor, la ausencia de las olas que invita a nadar, perdiéndote en la inmensidad de un camino aun por recorrer.

Para buscar encenderás el brillo de aquellas palabras anheladas, escritas a mano no las encontraras, otro camino han de tomar alcanzando tu voz, resonando en tu oír.

Tus ojos cierras, el búho cantara para ti, comprenderás que un hermoso día se desprende en el horizonte abriendo paso a mil luceros en la nocturna carpa, el canto único es a tus oídos.